Esperanto Alegre |
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No es fácil ser un Superheroe en este mundo. Pero por suerte algunas buenas personas aún intentan defendernos de las malas situaciones. ¿Pero quién les ayuda a ellos ante sus crisis personales?
Marcelo y Gastón, dos Suerheroes argentinos que velan por la seguridad de este mundo tendrán que vencer un duro obstáculo. Una puerta cerrada inesperadamente que no quiere abrirse. Les separará y hará que Gastón, encerrado y desesperado, indague en sus recuerdos más profundos, preguntándose si sus heroicidades sirvieron realmente para ayudar al mundo.
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Nora, una encantadora pija urbanita de pelo en pecho espera pacientemente la llegada de su nuevo compañero de piso; Terry, un tipo de lo más peculiar.
:D
Terry y Nora - No te tires a mi compi de piso!!! - Capítulo 3 (by UnicornsFiestaParty)
Dimitri y Sergey. Capítulo primero (by UnicornsFiestaParty)
Primer Sketch de Unicorn’s fiesta party.
Dimitri y Sergey, dos amigos Rusos que se mudaron a España por su amor incondicional al mar, al buen tiempo y al vodka barato.
No hablan español (aún) así que hemos tenido la bondad de subtitular sus palabras. :)
Trailer Unicron’s Fiesta Party (by UnicornsFiestaParty)
Lo qué nos hace reir. Lo qué nos hace llorar.
Despierto tranquilo con la luz de la mañana en una casa extraña. El calor acumulado durante la noche entre las sábanas y el edredón es muy reconfortante. Me altero al notar un bulto a mi lado. No lo recordaba. Está ella durmiendo dándome la espalda. Me inclino un poco y huelo con suavidad su pelo negro. Huele a picante y dulce, Méjico. Bajo las mantas recorro su columna vertebral con el dedo y despierta. Se da la vuelta y mira con sus ojos verdes mis ojos marrones. Se hace el silencio. Aceite de palma.
Tres preservativos y lubricante fueron suficientes. Empecé a reír y ella me siguió.
-Anoche te conté muchos de mis secretos.
-Están a salvo conmigo.
-Por muchos de ellos podría matarte.
-No lo harás.
-Lo sé.
-Por eso te quiero, por eso quiero estar contigo.
-Bésame.
El teatrillo de la vida.
¿Qué nos hace reír? La risa es una respuesta biológica producida por el organismo como respuesta a determinados estímulos, fundamentalmente al estrés.
Hacer reír es el trabajo más difícil que he tenido en la vida. Es como si intentara hacerme reír a mí mismo. Salto al vacío.
Hoy, con casi 40 de fiebre pienso que:
La vida se cierne
Coloca las cosas en su lugar.
Nadie puede entender lo que pasa sin una escritura fiable.
Todo el mundo denota y decae,
Ante monstruos de capa y espada que temen no verlos crecer.
Otra vez.
Todo el mundo quiere jugar a perder
En este mundo incierto que quieres poder controlar.
Yo no tengo miedo, tengo salidas en el mar
El control absoluto de mi mente es el azar.
Montañas de libros a mi alrededor,
Que crecen y cantan letras y palabras,
Que se escribieron de puños de magos y brujas
Que no entienden de dolor, ni de corazón.
Comprende la razón que me lleva ante ti hoy.
Con el pelo alborotado y un traje de gala para que entiendas que
Yo te sigo queriendo.
A pesar de que seas la sombra siniestra que mece mi cuna
Ante el anochecer.
Antes de que el sol se ponga del todo
Intentaremos comprender
Que hacemos aquí de pie parados ante el mar.
Que no tiene color, que no tiene sal.
Esperando que las olas nos refresquen la mente
Ante nuestra pura y falsa soledad.
La incertidumbre del momento es una puta locura.
No entiende de corazón.
Inspiración.
Base lírica y onírica contexto.
Contexto que improviso
Que hablo denotando palabras que se mecen
Con la vida de las mujeres que he llegado a tener en mi mente.
Vuelta a empezar la monotonía,
La rutina que se escapa entre los labios de princesas,
Que no entienden de belleza.
El corazón palpita y la sangre corre por mis venas.
Los muñecos de cuerda, alterados por una sobredosis de vueltas, bailaban patizambos sobre las baldosas de gres. Sé que era por la mañana, ya que el sol entraba por la ventana haciendo denotar las motas de polvo que se remoloneaban por el espacio. No era ni muy pronto, ni muy tarde. ¿Las 9? ¿Las 11? No estoy seguro del todo. Contemplaba los muñecos, pero el olor a salitre me despistó he hizo que me levantara del suelo. Me acurruqué un segundo en la esquina y me asome a la ventana para descubrir con gran horror que todo estaba cubierto por un agua más basta e intensa que el mismo Sol.
Vivía en un tercer piso, ninguno de los edificios que conocía estaban. Si quiera la panadería que solía visitar cada mañana. Mirara donde mirara sólo había agua, un agua azul prússia que se perdía en horizonte.
Había quedado con ella, y lo único que se me pasó por la cabeza fue: ¿Como narices le voy a explicarle yo esto? Voy a llegar tarde, o peor aun, no llegar. No me lo puedo permitir.
Me puse nervioso, cavilé la posibilidad de tirarme al mar y nadar, pero sabía que nadara donde nadara me iba a resultar extremadamente difícil encontrarla. Fuera lo que fuera, iba a llegar tarde y eso lo iba a pagar muy caro. Di un par de vueltas por mi habitación rascándome la cabeza de manera intranquila. Uno de los muñecos de cuerda aun seguía moviéndose a lo loco por el suelo, el sonido repetitivo de su mecanismo interno me sacó de quicio y le propine una fuerte patada, haciendo que estallara en mil pedazos contra la pared blanca.
De pronto, un rumor in crescendo, que surgió lejano y luego sencillamente se hizo más fuerte empezó a absorber el agua, como si alguien quitara el tapón o tirara de la cadena… Sí, esa es la mejor manera de definir ese sonido. Bien, multiplícalo por 1000, era ensordecedor.
A medida que el agua se alejaba, descubría en su base una capa de arena fina y blanca, convirtiéndose rápidamente en la costa de una hermosa playa.
-¡Genial! -pensé. -Podré andar por la costa y verla, sí, sí, es la mejor opción… Pero espera. Nada es lo que parece y ya nada tiene forma. No hay calles, ni coches, ni paradas de metro. ¿Llevo tres meses conociendo esta ciudad y ahora van y me la cambian de sitio? Esto es jodidamente injusto.
Me sacó de mi pensamiento el grito feliz de una niña, al principio se me clavó como un puñal, pero al verla se me quitaron todos los males. Estiraba la mano de su padre, quería llegar a la orilla para jugar en el mar. Y tras ella, una decena de niños más, todos con la figura varonil de su padre protectora al lado, acompañados a la diversión, al relax, a la paz. Yo no quise ser menos y aunque mi padre lleve muerto más de cien reencarnaciones de mi propio ser, sabía que sería capaz de llegar a la orilla yo solo.
Salté por mi ventana decidido, esperando caer al vació, pero ya no vivía en un tercer piso, si no en un bajo. Toque el suelo al instante un poco aturdido, me di la vuelta para ver mi ventana y me di cuenta que mi edificio gris y conservador se había convertido en una pequeña casa de madera, con grandes ventanas y cortinas de seda blanca, largos listones de madera desde beige a caoba oscuro. Fuerte ébano brillante construido de manera delicada y sutil, sobre la fina capa de arena donde parecía que flotara como si nunca hubiera estado ahí postrada.
De golpe, mi corazón dio un vuelco brusco y sin freno. Se asomó ella, semidesnuda y radiante. Sonriendo tímidamente de la manera más dulce que haya visto jamás. Se apartó con delicadeza los mechones de pelo claro que revoloteaban por su cara y yo seguí la linea que marcaban sus facciones con suavidad mientras le devolvía la sonrisa.
Señaló por encima de mi hombro con el dedo indice, me giré y vi el mar, la playa que antes no existía. Corrí con ganas y por primera vez me percaté de la sensación granulada y seca, tibia, de la arena donde se hundían los dedos de mis pies. El viento a mi espalda me impulsaba y hacía que correr resultara más fácil. Había viento de tierra, más típico por las noches de luna llena y calma.
Me deshice de mi camiseta y mojé mis pies en el agua. Puede que fuera la idea de notarla al menos tibia, no sé, pero el agua estaba tremendamente fría.
Me giré para verla una vez más, pero la ventana de mi casa estaba cerrada y ella ya no estaba dentro. La vi andar por detrás de la mano de un hombre extraño, vi sus espaldas, alejándose en la arena.
Quise gritar pero no puede, finalmente me salió un grito sordo, que rápidamente quedó enmudecido por el estruendo que algo causaba a mis espaldas. Me giré rápidamente, y una ola inmensa rompió a mis pies.
Pareció que el tiempo se había ralentizado. La espuma blanca subía lentamente, burbujeante, rompiéndose y recomponiéndose, formó un arcoiris desde su base hasta su cima, las gotas de agua salían despedidas en todas direcciones brillando como chispas de fuego húmedo. Parpadee un instante y pensé: Respira, aguanta la respiración, por que esto colega, te va a dar un viaje que lo vas a flipar en colores de tonalidades frías.
Abrí la boca para exhalar, pero no me dio tiempo, de echo ya estaba dentro de la ola helada que me arrastraba con fuerza sobre una superficie dura y rugosa, todo era ruido y falta de luz, burbujas y más burbujas que nacían y moría. Me arrastró y finalmente un golpe seco en la cabeza. el agua se calmó y abrí los ojos.
Grandes edificios se alzaban en el cielo que se nublaba por momentos. Estaba tirado en medio de la acera de la calle donde podía ver mi edificio de cuatro plantas de color gris. Me recliné mareado y con nauseas, una fuerte carcajada me hizo escupir agua. De mi pechó y barriga empezaron a brotar finas lineas de sangre que se mezclaban con las gotas que resbalaban por mi tórax. Reí.
Reí y reí hasta volver a caer tumbado en el suelo. No podía parar. De pronto, un hambre voraz me invadió, llevaba sin tener hambre seis interminables días. Y pensé en tomates al horno con aceite de oliva, pimientos verdes y rojos fritos, arroz blanco con salsa de nata y champiñones rellenos de queso. Y también un antojo de palomitas y sangría.
Si esta sensación de agua y guerra es vida, que la vida me ahogue y que batalle hasta el final.
Recorría el camino danzando de extremo a extremo golpeando una lata una y otra vez pesadamente. El sonido metálico que producía contra el asfalto me recorría el estómago de manera reconfortante. El cielo teñido de naranja y púrpura lo bañaba todo. La lata salió despedida, rebotando de manera aleatoria y sin quejas. En el último rebote dejó un rechino metálico y vi un destello entre yerbajos, encontré este reloj tirado, abandonado y al parecer olvidado. Ahora tiemblo ante el tiempo que pasa y pasa. Abres tus alas y me lo enseñas, inmóvil, sin sentimientos, diciéndome:
-Tic,Tac. Hubo un tiempo en el que pensaste que nada podía hacer Tic,Tac. Pero yo abro las alas y tu abres los ojos… Y tan lejos has tenido que venir para verlo.
El tic recae con fuerza sobre mi cerebro y vibra, haciendo que el tac penetre en mi alma. Una sonrisa marca mi cara… Y yo pensando que mi tiempo se había parado… Iluso, cada paso cuenta, cada paso hace huella, no se puede parar el tiempo que se enreda en el pelo, haciendo que las ideas florezcan y vuelen con el viento.
He ganado consciencia de que el mundo sigue moviéndose, que yo me muevo en él. Se corroboran con fuerza las ideas que intentaba esconder.
No tengo miedo, me siento bien, eso representa mi fuerza, lo mucho que involuntariamente me he curtido… Pero no puedo controlar lo que no se puede tocar, lo que está dentro del corazón. Por eso mi cuerpo tiembla, mis manos tiemblan descaradamente mientras escribo estas lineas y mi corazón late con fuerza. De los nudillos a las muñecas, de las muñecas al codo, del codo al hombro y del hombro al resto de cuerpo. De pie titubeo, sentado, me mareo.
Pero estoy bien, he ganado tiempo ahora que se ha recuperado al encontrarte. He luchado inconscientemente y he vencido. He pasado mucho frío por las noches para ver como tras darte cuerda un instante tus manillas han empezado a girar, y a pesar de estar oxidado, aplasto, doblado y que te falta el cristal protector de tus manillas, sigues girando sin cansarte, ahora estás conmigo y sabes que procuraré que no te pares nunca.
Winter is coming. on Flickr.
Winter is coming.
Los tiempos cambian.
Las personas cambian.
No importa el cerrar la ventana. Un lugar para esconderse. El sabor de una piel extraña.
Congelados, todo parece moverse más deprisa, se pierde el miedo al acantilado que un día se abría a nuestros pies. Saltar no saltaremos, no hemos perdido la cordura. Pero el alejarse de él resulta mucho más sencillo, más viable, más humano.
Quiero conocer su parte más oscura.
¿Qué pasa bajo las aceras mientras la ciudad duerme?
¿Acaso las criaturas nocturnas no tienen cobijo? ¿Dónde se esconden?
Me imagino las calles más estrechas, con sus paredes, llenas de argamasa gastada, dejando ver puertas negras cerradas por dentro… Pocos sabemos la contraseña que nos daría acceso a las entrañas de los secretos que se ocultan bajando los escalones húmedos y oscuros.
Ya no queda lugar en este mundo para los vampiros de luz… No me riñas, pero en ciertos aspectos, parece ser que todo tiene que ser blanco o negro. Todo tiene que hacernos sentir bien o darnos miedo.
Quisiera poder conocer el nacimiento de la obsesión por lo oscuro. Sentir que bajas, que la luz naranja define, enseña, crea cosas que sin ella no podrías siquiera intuir. Notar como el calor del fuego se refleja en tu cara. Notar lo angosto que resulta ser el ambiente encerrado por ladrillos de piedra centenarios que supuran humedad. Algo tiene, algo que nos atrae y nos llena.
Bajas… Bajas… Bajas… Y recuerdas que una vez tu mente fue joven, y que te hubiera resultado mucho más fácil bajar y bajar, el miedo, crece con la edad.
Te preguntas que haces ahí, bajando escalón tras escalón, si ni siquiera puedes ver que hay delante de ti, y el eco de tus pasos a tu espalda hacen que se te erice el vello, queriendo escapar de tu idea. Diciéndote, “Ten cuidado, no es seguro”.
Llegas al final y te encuentras con un vestíbulo inmenso aparentemente vacío y oscuro, donde el aire, a pesar de estar cargado y palpable es existente. Das una bocanada aliviado, para comprobar que a tu alrededor se encuentras decenas de seres enmascarados que te miran fijamente.
Se apaga el fuego y todo se vuelve negro. Respiras hondo, una parte de ti se alegra de haber llegado al fondo, a su parte más oscura. Otra parte de ti se lamenta por no tener invitación y reza, para volver a ver la luz del día.
“Para conocerte tienes que explorar hasta el rincón más oscuro de lo que te rodea”
Él, dormía en un hotel de una estrella, donde el papel floreado, de colores verdes y crudos que cubría las paredes, devoraba cualquier pensamiento de belleza que pudiera existir.
Pequeña y abarrotada de esencias, donde la textura rasposa y ligeramente pegajosa del suelo enmoquetado, hacía aun más desagradable cualquier vivencia que pudiera tener presencia en su interior. Son detalles, sin duda importantes que pueden diferenciar una estancia agradable, a una estancia dañina, antihigiénica e incomoda.
Pero cuando las obsesiones mentales superan a la realidad que se está viviendo, lo que te rodea, pasa a segundo plano, un plano en el que se acumula más dolor, más suciedad y más tristeza. Él se apartó de la realidad, se encerró en su habitación. Dejando que el dolor que sentía en su interior creciera y creciera.
Notaba que sus poros supuraban una esencia extraña que bullía en sus entrañas, de manera casi imparable, camuflada y silenciosa.
Los primeros días sentía un dolor intenso desde la piel hasta el tuétano, su piel se volvía blanca, y el pelo se la caía al compás de una tos incontrolable. Los médicos, a pesar de decenas de pruebas, no pudieron verificar nada.
A las semanas, el dolor se volvió crónico, explotaba desde su pecho, removiéndose ágil hacia sus extremidades y convirtiéndose en un cosquilleo que se arremolinaba en la punta de sus dedos. Perdió el sueño. Le cogió manía a su hogar, y por ello decidió aislarse.
Sus familiares y amigos, desaparecieron uno a uno de su vida, se quedó totalmente solo en la triste e iracunda habitación de hotel, pero entre el dolor y los bloqueos mentales, apenas tenía tiempo de pensar en el pasado, quería encontrar la cura, el poder de curarse a si mismo.
Una noche, adormilado frente al espejo del lavabo, con el reflejo del flexo rebotando en las baldosas blancas, se dio cuenta, al ver su imagen, que su rostro era extrañamente diferente al suyo propio. Fue en ese instante, en el que se dio cuenta de otro ser crecía en su interior. Otro ser viviente, que estaba arrasando con toda su vida entera.
Fue en ese momento, en el que por fin pudo entender lo que le sucedía. Después de meses, al fin puedo sentarse aliviado y dispuesto a mover. Sabía que tras su inactividad, no sería fácil, que puede que no lo consiguiera. Pero no le quedaba otra opción. Debía enfrentarse a ese ser con toda su fuerza. Sabía que sin duda sería una batalla dura y que sería fácil, acabar de perder lo poco que le quedaba. Pero no le importó. Se puso en pie con dificultad. Colgó el cartel de “No molestar” en la puerta de su habitación y seguidamente la cerró, sabiendo que iba a ser por largo tiempo…
La puerta aun está cerrada. Nadie fue capaz de abrirla tras la batalla. Saben que en su interior hay alguien, pero no pueden acercarse a una respuesta exacta de qué o quién.
La habitación 343, algún día se abrirá para dar a luz al antiguo o al nuevo ser que yace en su interior.